
A LEÓN WERTH
Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande. Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueron suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes (Pero pocas lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria:
A LEON WERTH
CUANDO ERA NIÑO
Cuando era pequeña mi madre solía hacer limpieza de libros, no os confundáis, limpieza de libros no es tirarlo, eso sería uno de los delitos más graves que no atañen a personas que se me ocurren, esa limpieza era más bien un reencuentro con los libros que se quedan más atrás en la estantería, como olvidados…Y de pronto vuelven a estar ahí en el centro de tus recuerdos, imposibles de volver a poner en el estante de atrás.
Ese día yo estaba en la terraza haciendo cosas que hacen los niños, o que hacíamos los que hace tiempo lo fuimos y entré a ver ese pequeño caos de montones en que se había convertido el salón
Encima de otros muchos estaba este libro de Antoine de Saint-Exupèry, que por su ilustración y su formato era sin duda un libro de niños. Mi madre me lo dio para que lo leyera y me dijo que tal vez en ese momento entendería unas cosas pero que pasados muchos años entendería otras distintas.
Ese libro me fascinó por muchas cosas, entre ellas porque mi edición que aún guardo con un cariño tremendo estaba en francés y en castellano, página a página, y yo jugaba a leerlo en alto, me encanta leer en voz alta, unas veces en castellano y otras en francés, idioma que no conocía pero con mi tono inventado, sonaba tan bien…imposible resistirse.
Pero lo que más me llamó la atención entonces fue la dedicatoria, desde ese día siempre leo las dedicatorias, me parecen lo fundamental en un libro porque esconden una parte importantísima del autor, porque te ponen en contacto con lo que él quiere, anhela o le importa, y a veces , como en este libro, porque dicen cosas que ya nunca puedes olvidar.
Siempre quise ser escritora cuando era pequeña, quise ser madre, quise ser libre y quise ser feliz. Creo que con el paso del tiempo esos anhelos se me fueron olvidando o cambiando por el camino, pero ahora cuando me siento a ser yo, cuando me siento a valorar mi vida, recuerdo que siempre quise eso y aún lo quiero, aunque la sociedad o la situación siempre me obligue a ser otras cosas.
Este libro debería ser el libro de cabecera de todos los niños, pero lo más importante, debería ser obligatorio para todos nosotros volver a leerlo al menos cada cinco años, para no olvidar que siempre hay una rosa que alcanzar, que esta ahí aunque no la podamos ver y tenemos que seguir cuidándola
Si mañana escribiera un libro seguramente hace meses que tengo la dedicatoria perfecta
“Al papá de Princesa por hacerme volver a pensar en aquello que siempre he querido”
Je demande pardon…
Escrito por notprincesa 